No hay plazo que no se cumpla

¡Así que estoy volviendo a escribir! No sé cuánto me durará, pero por mientras pueden ir a chequear. Es la dirección original (apretar aquí)
Un poco de todo; fotos, poesía, viajes, anécdotas, opiniones, pensamientos inusuales y mucho más de una forma divertida y real.


A veces me horroriza mi propio corazón. Siento que me condenará. Que pertenece a otros. Que me delata. Quiero, entonces, pasar quieta, pero me horrorizo cuando veo que he dejado mis huellas a lo largo del mundo, que jamás podré dejar de expresar en cada cosa que hago o que dejo de hacer quién he sido.
Liguria de Manuel Montt, el jueves pasado. Luego de haber ido al evento mula de las galerías de Alonso de Córdoba abiertas nocturnamente, que se suponía que incluía música en vivo y gente, pero que al final no incluía nada de eso, nos encontrábamos en un relajado pero igual muy revindicador alargue de la noche.


tieron aquella noche, ambos se dieron cuenta de que había sucedido algo casi milagroso.


diferencias meramente físicas, raciales, culturales: ninguna de ellas más importante que el alma misma, ninguna de ellas relevante, y en especial ninguna de ellas motivo lógico de discriminación - eso último considerando que la discriminación misma pueda ser realmente lógica.
que la naturaleza de tal destino, aún aceptado en broma, aún aceptado por algo que pretendía ser didáctico, me marcó lo suficiente como para recordarlo ya más de una década después, en cada detalle de su impresión incisiva, helada, paralizadora del tiempo.
Al sentir una experiencia de vida que era claramente errónea, pude entender con mucha mayor claridad cómo debían ser las correctas. Entendí de esas configuraciones erróneas, y de cómo somos responsables de cambiar lo que no debe ser... porque nadie debería vivir en un mundo como ese que se nos vislumbró, a lo lejos, aquella mañana.
en un mundo que se hiere a sí mismo. Jamás podremos, tampoco, renunciar a la libertad última: nadie puede obligarlo a uno a tomar una causa, a seguir un patrón, un modo que no se quiera. En conclusión, jamás podremos perdernos de nosotros mismos, sino que, a lo más, demorarnos el triple en aceptarlo y en ponernos en camino.
1990, verano. Con sólo 8 años en el cuerpo, mi prima Isi y yo en traje de baño, pero dentro de su living y mojadas. Pan con palta en nuestras manos, leche con chocolate en vasos sobre la alfombra, y la bruja de la Bella Durmiente en la televisión, casi consumando su venganza, exclamando con fanático anhelo y ojos de loca, en la noche en que se suponía que la princesa moriría: "Hoy voy a poder dormir bien por primera vez en 20 años". Entonces la impresión profunda de mi prima, quien comenta en voz baja, como para sí misma: "Qué mala suerte la de la bruja: justo la noche en que cree que va a dormir bien, es la noche en que se va a morir", y tras su impresión, la mía ("ohh, verdad"), en infantil admirado silencio.
Mozart haciendo fosforescente la pantalla; escribiendo, creando, amando, sufriendo, siendo derrotado, siendo ensalzado, siendo visto, siendo interpretado, y siendo llamado "Mozart", "Wolfang", "Wolfie", entre otros apelativos que mi mente ya no retiene. Al acabarse la película, otra vez mi prima: "No entiendo porqué la película se llama Amadeus si nunca lo llaman así", su idea flotando en el aire como una revelación y esta vez la risa mía.

Y sé que querrías matarme pero más yo a mí misma, porque conocimos a unos gallos que eran bacanes, y uno me encantó!! (chileno), y durante EL DÍA en que duró nuestro romance (que no alcanzó a serlo) miradita por allí y por allá, y ante la partida tan cercana me dijo sólo te enseño a usar el fono si te quedas conmigo, y era imposible y también absurdo ser tan pasional con tal que me fui con las demás, pero podría haberle un dado un beso y me escapé!
donde además hicimos un paseo EXHAUSTIVO por iglesias barrocas y lugares de suma belleza (¡tenía que decir eso!). Lo más divertido fue el carrete porque acá la gente se acuesta máximo a las 2 de la mañana, y unos ecuatorianos que nos querían llevar a pasear estaban horrorizados con nosotras, que fuimos sacadas casi a la fuerza del hostal tipo 12 de la noche, para luego descubrir que estaba todo cerrado!! (Claro que al final terminamos en un after hour que duró hasta las 3 guauu!! (am), tomando aguardiente con sabor a anís y otras particularidades por el estilo...).
Acá todo es paradisíaco, y la Maria Paz alternativa por haberla traicionado me hizo llenarla de trenzas por una inspiración, así que ahora soy tropical y combino tan bien, con esto de estar en una playa tomando caipirisima y haciendo cosas propias de películas que se ven llenas de gente linda pero que tan raro es cuando es la realidad... Está lleno de palmeras gigantes, y helechos sobrenaturales que parecen como imitaciones a tamaño gigante de lo que hay por allá... Ha sido todo choro y caluroso con tal que he gastado la plata sólo en agua y nunca en bebida... gozando la naturaleza avasalladora… como la otra noche en que, mientras llovía TROPICALMENTE, vi a un gatito PRECIOSO persiguiendo a un cangrejo que era casi de su porte!!! Lleno de pintas de colores… oohohohohhh… luego se quedaron mirando y jugando a chocar sus patas/tenazas, el típico juego de los gatos y al parecer también de los cangrejos. Creo que hasta lloré un poco, lo que pasó piola con la lluvia jaja, es que lo hubierai visto, te habríai caído derretida, fue casi como una aparición o tal vez simplemente una
.
Aparte, nos pasan cosas insólitas, como que saben nuestros nombres sin haberlos dicho, o que gritan Chile cada vez que pasamos, y nos la pasamos halagadas y rientes. Qué puedo decirte, ¡la vida no nos ha tratado mal aquí!
o, en esas veces, son horas enteras para mí, en las que puedo ver y entender mi mundo con tanto amor y claridad... Soy tan vasta y tan ilimitada y tan poderosa y tan profunda entonces. No hay sueño que no pueda alcanzar, sobre el cual no pueda planificar un encuentro. No hay empresa que desde esa tranquilidad no sienta que pueda acometer. No hay barreras para mí. Siento con tanta fuerza que me olvido de quién soy, olvidando incluso mi voz y mis facciones.
existiendo todo el tiempo, y yo en ella, como sólo una rama de las tantas, aunque una rama conectada, un fragmento de conciencia, una chispa tan llena de impresiones propias y de pasión personal que a veces quisiera morirse. Todo ha continuado respirando. Todo, a la vez, espera.
con más orientación o al menos con más tranquilidad... Uno va dibujando esquemas, modelos, para entender los caminos y para dirigirlos mejor, también. Para hacerse más poderoso, eficiente, y también más feliz.
hay entendimiento ni comprensión, y no porque el punto acotado sea uno malo o indebido, sino que por una mera consecuencia natural de las diferencias de cada cual, y además de las diferencias entre lo que andamos buscando o de lo que consideramos valioso...
de iluminación, compañía y hasta trascendencia.
que no se puede ceder la propia libertad, aunque en ocasiones se quiera. No, señor.

Es decir, si muevo mi pierna izquierda, luego tengo que mover la derecha, o si apreto los botones del lado derecho del control remoto, luego debo apretar los izquierdos, porque si no causaré una especie de desbalance cósmico :p... Cuando tiene que ver con controles remotos o celulares a veces hasta tengo que sacarle las pilas, cosa de poder apretar a gusto los botones "desarmonizados" sin causar efectos indeseados, como llamadas no queridas, o cambios de canales que me hagan perder partes importantes de lo que estoy viendo.
sobre un cojín, para estar más o menos a mi altura, y a veces hasta disfrazado con chalcito y anteojos. Esto último me causa mucha risa, y es más un juego personal que otra cosa. Me imagino que todos nos acompañamos como podemos cuando estamos solos o aburridos.
A mí me gustan los Backstreet Boys. Y Supernova. Y algunos hits de "Mazapán", como también otros de algunos musicales, o de la Britney Spears, o de los Venga Boys, o incluso del Topo Gigio. Y la Avril Lavigne, por ejemplo, encuentro que es seca, que tiene una calidad pasmosa que puede descubrirse a lo largo de todos sus singles, si se da la atención necesaria para escucharlos, claro: sin prejuicios.
o eso de preguntarse cómo Xuxa puede haber sido mi ídolo infantil (aunque, para ser sincera, no fue el mío).
la venta de la música, también se entiende como la venta de un modo de ser, de un estilo de vida, de una imagen.
se ha autoimpuesto la misión de educar a los presentes, sin importar si ya el largo rato sin poder agarrarla signifique que probablemente ¡no hay futuro! (aunque otras veces he descubierto en sospechosas novedades el mejor de los futuros)... pero, los prejuicios de los que hablo primero son realmente otra cosa, me refiero a eso de dar la espalda sin ni siquiera mirar a qué se le dio. Es casi como esas películas gringas donde los niños huyen del que tiene anteojos, sólo porque no es conviente para su imagen, cuando el niño de anteojos luego de unos años, además de ser simpático y buen amigo, puede llegar a ser ¡el sucedáneo del mismísimo Brad Pitt!
¡Si ella viene de la versión más parecida a ese Club que existe en el medio chilensis!
¡pero a mí todavía me gusta! aunque en exceso sea irritante (al menos para mí)... todavía escucho "Disco Groove", "Tú y yo", "Sin ti soy un fantasma", y "Maldito amor", entre otras (teniendo incluso versiones karaoke de algunas canciones), aunque ahora cuando lo hago a veces pienso que esa música no es realmente de quienes la cantaron, ya que, habiendo leído el reportaje, no parece ser algo que a la Elisa le haya salido del corazón (no por lo que dice de su pasado musical, sino que por cómo trata a otros grupos de música popular), sino más bien un cúmulo de muy benefactoras circunstancias, y así el lazo con Supernova aparece como una deuda más que una vinculación, lo que me molesta bastante, porque siento que le quita a las canciones el alma que les dio forma entonces...
¡Me encanta El Mago de Oz! Cuando chica la veía con mis primos todos los fines de semana, en los almuerzos familiares. Mi abuelo tenía una colección enorme de películas BETA, y nosotros siempre elegíamos la misma, sin importar cuánto otro cine replegásemos en eso.
Volví a sentir la historia con la misma fuerza en que lo hacía entonces, y de paso me di cuenta que me sabía todas las canciones de memoria, aún cuando hace muchos años que no las cantaba, volviendo entonces a cantarlas de nuevo... También pude darme cuenta de muchos errores de concepto que entonces no había notado, al mirarla ahora con ojos más experimentados que en esa época, y probablemente menos inocentes, como esto de que, al final, los que buscaban corazón, cerebro y coraje los obtienen sólo porque se les ha validado a través de trofeos. ¿Qué consejo es ése, que uno sólo vale con aprobación y títulos de otros? ¡Pareciera! Ah, pero en todo caso no me importa, sigo siendo fan de la película y al parecer no me causó ningún daño tal enseñanza, así que filo.
1. ¿Por qué a la bruja se le encogen los pies cuando les sacan las zapatillas rojas?
8. Si el hombre de lata se oxidaba cada vez que lloraba, tenía agua adentro en alguna parte. En ese caso, ¿cómo es que su interior no estaba ya oxidadísimo?
19. ¿Por qué Dorothy tenía como preferido al espantapájaros, cuando el hombre de lata, y el león con su permanente y lacito rojo, eran también tan exquisitos?
vez que fascinantes en aquella cúpside del mundo carretil en donde donde todos te tratan bien porque todos, ¡todos! quieren ser tratados de forma especial y aprovechar contigo tu poder, aún si no te conocen, ya que eso no es una excusa, sino que incluso una razón para hacerlo.
más porque el dueño de la fiesta que aún esperaba sumar más monedas, me estaba mirando, que por afán propio... pero al final, considerando la hora, cedí ante una condición tan pintoresca que pensé que sería rechazada: que los tres juntos me cantaran un canon, con entusiasmo digno de merecer la entrada.
Este sábado me tocó trabajar otra vez, en una fiesta en una casa abandonada en Apoquindo, y esta vez en la guardarropía, una pega que nunca había hecho antes. Fui con mi amiga Mane a tomar tal desventajosa posición (la menos deseada a la hora de trabajar, por la simple y adolescente razón de que es la menos sexy para pinchar), sin importarnos el hecho de que los que la hacían tuvieran un par de años menos de nosotros. Llevamos, además, nuestro propio mini-bar, con hielera incluída y un par de lujosos vasos piscoleros de plástico colorido y grueso.
nos impresionamos por lo linda que es la ropa de las personas hoy en día y discutimos la idea de robarla y venderla porque ganaríamos el triple (en broma, claro); peleamos con un par de tipos curados que nos querían robar el mini-bar, de los cuales uno, enojado, llegó a escupirnos piscola; sacamos el teléfono y hasta el MSN de otro par igual de alzados pero mucho más educados y lujosos; jugamos a ser policías de películas de acción bloqueando la entrada a la guardarropía cada vez que cortaron la luz (por lo menos en 8 ocasiones), protegiendo la mercancía prestada y propia; conversamos con los otros que estaban trabajando en la parte musical, y etc.
carabinero, apuntando con su mirada a las monedas que estaban en la cajita, que eran bastantes (por suerte habíamos sacado los billetes). Mi amiga y yo nos miramos serias y paralizadas, hasta que yo, envalentonada, por las horas amplias de diversión y juerga, me tiré a salvar la situación, diciéndole, con toda la coquetería disponible y a disponer: "Señor policía... ¡es la propina que nos dejaron por haber hecho tan buen trabajo!".
leyendo, y así igual eran todos los otros de mi familia. Íbamos siempre a la Biblioteca del Instituto Cultural de Las Condes, con mi mamá y mis dos hermanos grandes, y arrendábamos tantos libros que teníamos dos carnets de biblioteca en vez de uno, para todos. Y así fue como crecí.
special, o el Sábados Gigantes, momentos así, buenos, pero escasos, porque, además, pese alo entretenido que pudiera ser un programa, luego siempre había una hora en que todos los canales se apagaban inexorablemente.

Mi pc tiene los viruses del mundo, y se hace imposible escribir. Estoy tratando de limpiarlo y apenas lo logre ¡volveré! Espero que luego...
Con ojos felinos

Una gaviota
Verano de 1999, trabajos. Tenía 17 años y estaba en un bosque de película en lo más alto de Curarrehue (IX Región), junto a toda mi cuadrilla, haciéndole la mediagua a un viejo ermitaño que llevaba tanto tiempo solo que ya no sabía bien hablar porque se le habían ido olvidando las palabras.
El sector era precioso. El viejo nos mostró su huerta, sus 4 perros, algunas ovejas, y el río que cortaba con su fuerza el cerro. Su casa era de una madera oscurísima por toda la lluvia, y estaba media podrida, pero ayudaba al misticismo del lugar, muy cercano a un centro mapuche donde hacían nguillatunes para llamar a la lluvia (por el cual también pasamos uno de esos días).
Con el tiempo, que igual fue bastante corto, el viejo cada vez se comunicaba más, y de forma menos arisca, como el lobo del principito. De vez en cuando sacaba palabras muy grandes y rebuscadas lo que nos extrañaba, hasta que un día finalmente nos contó su historia. Venía de una familia con plata y educación, de Talcahuano. Había vivido bien, con bastante lujos (incluso había ido a la universidad cuando nadie iba), y sido feliz. Tenía una vida hecha y hecha en alegre paz, hasta que un día encontró a su hermano con su futura mujer... Entonces él simplemente no lo soportó, se sintió destruido, y ahí fue cuando decidió que todas las personas en la Tierra eran mentirosas, y se fue. Nunca llamó a nadie y ni siquiera sabía si su familia seguía viva en alguna parte: había perdido toda confianza en el ser humano. Sus amigos desde entonces fueron las plantas y los animales, a los que le hacía cariño mientras hablaba.
Fue impactante, pero no tratamos de decirle demasiado, después de todo, el remezón había sido hace unos 50 años, el daño ya estaba hecho, y él ya se veía bien y había encontrado su manera. Eso sí, después de la impresión, no nos resistimos a discutirle el que toda la gente fuera mentirosa, y el que fuera razón lo sucedido para alejarse de todo el mundo, por horrible que haya sido. Queríamos traer un poco de descanso, justicia, visión o esperanza, pero él insistía en la maldad básica del ser humano, la explicaba como una realidad, un concepto, con actitud dulce y didáctica, y daba argumentos y argumentos para apoyarse, los que nosotros contestamos, ágiles y motivados, inmersos en la discusión. Todos estábamos interesados y cómodos (viejo incluido), disfrutando la conversación.
Y entonces pasó lo inesperado. Se acordó de algo que le iluminó los ojos, probablemente el argumento final, tragó aire, levantó la mano y dijo, triunfante, algo así como: "Cachen lo mentirosa que es la gente que una vez escuché por la radio que el hombre había llegado a la luna... A la luna!!... Cómo alguien podría llegar alguna vez a la luna!! Mentirosas personas, nunca más escuché la radio." y sonrió orgulloso, concluyendo lo que él pensó que era la demostración definitiva de que había ganado la discusión. Le faltó poco para hacer la reverencia.
Nosotros nos quedamos callados.
(reciclado; 18 mayo 2005).
En alguna parte alguna vez leí que los perros lazarillos saben cuándo cruzar la calle no por el color de las luces de los semáforos, ya que no pueden reconocerlos, sino que por la posición en que están. Rojo, el más alto. Amarillo, el de al medio. Verde, el de más abajo.
Aunque todas las Cuatro Estaciones de Vivaldi son buenas, hay una parte sublime que suena como si se cayera el cielo. 
Me sentí tan traspasada de sentimiento como si no hubiera nadie más que yo ahí, todos los extremos del universo convergiendo en mi propio latir, en mi propio sentir... hasta que miré las caras de los otros presentes, y se veían tan transportados y a la vez tan unidos, como un engranaje perfecto en un perfecto reloj musical, que no sólo pude sentir mi propia emoción, sino que también reverencia por la comunión de todos juntos sintiendo, y por la fuerza del sometimiento cuando algo cala adentro para todos... cuando ese algo es universal, como la música.

Yo haciendo caritas para que la gente se riera, y hasta posando con algunos que no querían salir solos (como la conductora de Etc Tv), de paso cruzando alguna que otra palabra con el guapo de Gastón Pauls y sintiéndome muy adolescentemente top por eso. Y después la película, buenísima, pero demasiado sangrienta para ambas, considerando las semanas malignas en común, la cual gocé viendo pero por la cual también, al terminar, la reté, alegando “¡cómo me llevai a esta película!”, y entonces la risa de las dos.
coquetas miraditas de rigor, al final ellos sólo fueron imágenes fugaces mientras vaciábamos en la cháchara el exquisito vino de la enorme copa, al tiempo que las vivencias que marcaron este último tiempo.
Tenía sólo unos 5 años cuando me amigué con la oscuridad.
creí incluso que mi hermano gozaba, de esa forma maliciosa pero cuidadosa en la que gozan los hermanos grandes cuando molestan a las chicas... pero entonces él me sorprendió diciéndome, en el tono más didáctico posible para sus 9 años y con la suavidad de quien comparte un secreto: “Oye, pero no llores po...”, y la olla de oro: “Fíjate bien, que la oscuridad nunca es completa... uno siempre puede ver figuritas de colores....", y ante mi sollozada incapacidad para encontrarlos, "Siempre se ven, pero si aprietas los ojos va a ser más fácil... y después vas a poder verlas sin arrugarlos”...
e tipo de silencio. Y así no sólo me hizo sentir protegida, sino que también abrió mi mente: El mundo era algo amplio en lo que convenía fijarse, porque en general había mucho más de lo que uno ve a simple vista... Con paciencia uno podía no confundirse, y dejar de temer cosas a las que uno había temido sin ni siquiera haberse detenido a mirarlas... como la oscuridad.