lunes, febrero 18, 2008

No hay plazo que no se cumpla


¡Así que estoy volviendo a escribir! No sé cuánto me durará, pero por mientras pueden ir a chequear. Es la dirección original (apretar aquí)

¡Bienvenidos todos!

viernes, noviembre 24, 2006

Resurrección, pero silencio


¡Hola!

No volveré a escribir en el blog, al menos no todavía... Para quienes entran acá por primera vez y se extrañan del abrupo quiebre, acá están las explicaciones...

¡Muchos saludos y lean cuanto quieran de lo que quedó!

viernes, septiembre 22, 2006

¡Púdranse, mujeres!

Cachagua, enero del 2006, una casita con vista al mar. Luego de un gran y contundente almuerzo familiar, mi prima y yo, ambas entonces portadoras de un historial amoroso reciente del terror, figuramos lavando los platos, actividad que ese día nos toca, y que de paso combina perfectamente con el cuadro de ¡tapita!

Luego aparece mi hermano chico; 17 años, contento y radiante, posicionado entonces justo en el lado opuesto; casi dueño de las playas. "Púdranse, mujeres" escuchamos que nos dice, yéndose, luego de dejar algunas cosas sucias en la cocina, todo descuidado y simbólico.

Mi prima y yo nos miramos con ojos redondos, llenos de risa, horror y sorpresa, y yo, para alivianar la violencia y para dar cierto toque sarcástico, le digo: "Bueno... quizá quiera que nos pudramos, pero, hey, por lo menos es capaz de decirnos estas cosas a la cara", lanzando una miradita irónica, ridiculizando el general desastre, y entonces borbotan afuera con impresionante intensidad las carcajadas de ambas, casi ahogándonos. Puro humor negro, pero uno de lujo.

El cabro chico escucha y se devuelve, de tan escandalosa que es la risa. Pregunta del porqué, y cuando al fin logramos hablar y contarle, él nos mira con una expesión tan sonriente como consternada ("ahora sí se volvieron locas"), para luego explicarse, encogiendo los hombros en señal de inocencia, diciendo: "Pero si yo nunca dije eso... yo dije ¡apúrense, mujeres! Y además, lo dije en broma"...

Doble ataque de risa; de la exageración, de las cosas mal escuchadas, del drama hecho carcajadas, de las embaladas y a veces tan equivocadas psicologías; risa, en fin, de la vida misma.

viernes, septiembre 15, 2006

Mi registro

A veces me horroriza mi propio corazón. Siento que me condenará. Que pertenece a otros. Que me delata. Quiero, entonces, pasar quieta, pero me horrorizo cuando veo que he dejado mis huellas a lo largo del mundo, que jamás podré dejar de expresar en cada cosa que hago o que dejo de hacer quién he sido.

Trato de replegarme, entonces, o aún antes de esto, para protegerme y sentir que nadie podría manipular mi centro... pero cuando tengo esta sensación de vulnerabilidad simplemente me paralizo.

Y en esos momentos me digo, no puedes tenerle miedo, no puedes tenerte miedo a ti misma; eso es tenerle miedo a la vida, a lo más profundo y a lo más superficial: al todo junto y palpitando, conectado... pero aún así no logro consolarme más que encontrando salidas posibles a la hora de que alguien pudiera revelar mi interior y todo cuanto en él hay... como si no fuéramos así todos, como si no tuviéramos todos heridas, importancias y secretos.

Como si no fuéramos todos vulnerables.

Porque aunque lo somos, y aunque lo sé, no logro desligarme del destino único de mi propio corazón... como si estuviera manchado, cuando en realidad sólo está vivo, y por eso mismo siendo único y sensible, respirando.

... Es que es aterrador a veces sentir.

lunes, septiembre 11, 2006

En una noche cualquiera

Liguria de Manuel Montt, el jueves pasado. Luego de haber ido al evento mula de las galerías de Alonso de Córdoba abiertas nocturnamente, que se suponía que incluía música en vivo y gente, pero que al final no incluía nada de eso, nos encontrábamos en un relajado pero igual muy revindicador alargue de la noche.

Una abstemia, otra a dieta, otra con prueba al día siguiente muy temprano; la poco taquilla y casi vergonzosa orden, en medio de tantos sibaritas, fue la de unas simples tres Coca Colas Light. Un rato después llegó otra amiga más, pechando los rastros de la noche, preparándose para ir a otro carrete más, con otra gente; uno divertido y destructivo al que, por diferentes obligaciones, el resto no iríamos. Piscola, piscola. Sola, pero acompañada por nosotras, en su mundo pero a la vez en otro cada vez más paralelo, alegre, distante y grande.

Y al irnos el mozo, riéndose solo, tirando la frase más brillante de la noche: "A veces me toca que, en algunas mesas, hay una persona que no toma, porque cuida a los demás... Yo me pregunto cómo será ella - apuntando a mi amiga - si necesita que sean TRES las que se preocupen!!".

Y luego las risas de todos, incluyendo a la curagüilla, diriase hasta orgullosa de salvar nuestra sobria, moderada y responsable dignidad.

Nota: el flyer de las "gallery night" de Alonso de Córdoba es de otra fecha, pero es porque no encontré de en la que fuimos.

miércoles, septiembre 06, 2006

El verdadero amor no puede perderse.

Paul Auster, un escritor muy conocido, logró en "Creía que mi padre era Dios" dar a luz a una obra magistral que, irónicamente, no salió de su propia pluma, sino que de los escritores más improvisados pero más reales que pudieron encontrarse. Ellos, siendo en principio radioescuchas improvisados, tomaron una invitación a poner en papel historias verídicas y remecedoras que Auster hizo al dirigir un programa de radio, y podría decirse que la suavidad de sus historias logró convertirlos ni siquiera en escritores, sino que en verdaderos poetas.

El resultado de este proyecto son más de 500 páginas de goce sincero y puro, en un abanico de vivencias de personas de todas las edades, credos y razas (aunque todas pertenecientes a norteamericanos), entre ellas una que quiero poner aquí, por ser tan linda, y por ser primavera (o casi).


En 1947 mi madre, que se llama Deborah, tenía 21 años y estudiaba literatura inglesa en la Universidad de Nueva York. Era una chica preciosa, vehemente aunque introvertida, y sentía una gran pasión por los libros y las ideas. Leía de una forma voraz y quería ser escritora algún día.

Mi padre, que se llama Joseph, era entonces un pintor en cierne, que vivía de dar clases de arte en un instituto del West Side. Los sábados pintaba durante todo el día en su casa o en Central Park y después solía permitirse el pequeño lujo de cenar fuera. La noche del sábado en cuestión, decidió ir a un restaurante de barrio llamado La Vía Láctea.

La Vía Láctea resultó ser el restaurante preferido de mi madre, y aquel sábado, después de estudiar toda la mañana y parte de la tarde, se fue allí a cenar llevando consigo un viejo ejemplar de Grandes esperanzas de Dickens. El restaurante estaba abarrotado y mi madre ocupó la última mesa que quedaba. Se preparó para una velada de goulash, vino tinto y Dickens, y rápidamente perdió contacto con la realidad que la rodeaba.

Media hora después el restaurante estaba tan lleno que sólo se podía comer de pie en la barra. La agotada camarera se acercó a mi madre y le preguntó si le importaría compartir su mesa con otra persona. Mi madre dio su consentimiento casi sin apartar los ojos del libro.

"Una vida trágica la del pobre Pip", dijo mi padre al ver la gastada cubierta de Grandes esperanzas. Mi madre levantó la mirada y en ese momento, según ella, vio algo extrañamente familiar en los ojos de aquel hombre. Muchos años después, cuando yo le suplicaba que me contara la historia una vez más, suspiraba y decía: "Me vi a mí misma en sus ojos".

Mi padre, totalmente cautivado por la persona que tenía delante, jura hasta el día de hoy que oyó una voz dentro de él. "Esta mujer es tu destino", le dijo la voz, e inmediatamente sintió un cosquilleo que le recorría el cuerpo de la cabeza a los pies. Sea lo que fuere que mis padres vieron, oyeron o sintieron aquella noche, ambos se dieron cuenta de que había sucedido algo casi milagroso.

Hablaron durante horas, como dos viejos amigos que se encuentran después de mucho tiempo. Más tarde, cuando se despidieron, mi madre escribió su número de teléfono en el interior de la tapa de Grandes esperanzas y le regaló el libro a mi padre. Él le dijo adiós, besándola dulcemente en la frente, y después se alejaron, en direcciones opuestas, y se perdieron en la noche.

Esa noche ninguno de los dos pudo dormir. Incluso después de cerrar los ojos, mi madre sólo veía una cosa: el rostro de mi padre. Y mi padre, que no podía dejar de pensar en ella, se quedó toda la noche levantado pintando el retrato de mi madre.

Al día siguiente, que era domingo, fue a Brooklyn a visitar a sus padres. Se llevó el libro para leerlo en el metro, pero estaba tan exhausto después de pasar la noche en vela que, después de leer algunos párrafos, le entró sueño. Así que metió el libro en uno de los bolsillos de su abrigo - que había dejado en el asiento junto a él - y cerró los ojos. No se despertó hasta que el tren se detuvo en Brighton Beach, en el extremo opuesto de Brooklyn.

Para entonces, el tren estaba desierto y, cuando abrió los ojos y fue a coger sus cosas, el abrigo había desaparecido. Alguien lo había robado y, dado que el libro estaba en uno de sus bolsillos, también se había quedado sin él. Lo cual significaba que también se había quedado sin el número de mi madre. Desesperado, empezó a buscar por todo el tren, mirando debajo de los asientos, no sólo de su vagón sino de los vagones anterior y posterior al suyo. Joseph se había sentido tan feliz el día anterior de haber conocido a Deborah que no se había preocupado de averiguar cuál era su apellido. La única referencia que tenía de ella era su número de teléfono.

Mi madre nunca recibió la llamada que esperaba. Mi padre la buscó en varias ocasiones en el Departamento de Inglés de la Universidad de Nueva York, pero nunca la encontró. El destino los había traicionado a los dos. Lo que aquella primera noche en el restaurante había parecido inevitable pasó a ser algo claramente imposible.

Aquel verano los dos se fueron a Europa. Mi madre fue a Inglaterra a hacer un curso de literatura en Oxford, y mi padre se fue a pintar a París. A finales de julio mi madre tenía un descanso de tres días en sus estudios y voló a París, decidida a absorber toda la cultura que pudiese durante aquellas setenta y dos horas. En el viaje se llevó un nuevo ejemplar de Grandes esperanzas. Después de la triste historia con mi padre, no había tenido la fuerza de volver a leerlo, pero una vez en París y sentada en un restaurante abarrotado después de un largo día de visitas turísticas, lo abrió por la primera página y empezó otra vez a pensar en él.

Después de leer unas pocas frases, un maitre interrumpió su lectura para preguntarle, primero en francés y después en un inglés macarrónico, si le importaría compartir su mesa. Mi madre dio su consentimiento y volvió a su lectura. Poco después oyó una voz conocida.

"Una vida trágica la del pobre Pip", dijo la voz, y entonces ella levantó la mirada y allí estaba él otra vez.

LORI PEIKOFF
Los Ángeles, California.

sábado, septiembre 02, 2006

No me cortes los rayitos

Tenía unos 10 años cuando, en clases, una profesora se puso a hablar de la masacre judía y de cómo todo su sufrimiento y horror había aparecido por el fijarse y jerarquizar diferencias meramente físicas, raciales, culturales: ninguna de ellas más importante que el alma misma, ninguna de ellas relevante, y en especial ninguna de ellas motivo lógico de discriminación - eso último considerando que la discriminación misma pueda ser realmente lógica.

Esa mañana nos pilló como un grupo de niñas uniformadas, mirando con ojos enormes y cada vez más horrorizados a un mundo que se iba revelando capaz de contrariedades como esa. La profesora, siempre sonriente, intentando ilustrar el asunto, intentando quitarle importancia, llamó entonces a unas cinco compañeras y las hizo ponerse adelante, separándolas de nosotras, como si fuera un juego, y dijo: "Sólo estas alumnas se habrían salvado de la masacre".

No hace falta decir que esas niñas destilaban blancura y los rasgos más europeos posibles... pero sus ojos eran tan redondos como los de cualquier otra, y estaban llenos de tensión y de miedo; llenos de aquella pureza que no entiende divisiones. Nuestros uniformes escolares se convirtieron entonces en unos de soldados, soldaditos arrastrados por la vida, soldaditos disgregados, asustados, inocentes. Nos miramos unas a las otras como si lo que estuviera pasando fuera algo irreal, intentando aferrarnos, juntas, fuera de las divisiones, y no sé quién se sintió peor: si las que fueron llamadas o las que no lo fuimos.

Sólo sé que ese día, aún siendo a través de un juego, sentí la crueldad del destino impuesto por manos ensagrentadas, y que la naturaleza de tal destino, aún aceptado en broma, aún aceptado por algo que pretendía ser didáctico, me marcó lo suficiente como para recordarlo ya más de una década después, en cada detalle de su impresión incisiva, helada, paralizadora del tiempo.

Sé que la profesora tuvo buenas intenciones, pero tengo sentimientos muy encontrados por habernos enseñado, indirectamente, a temernos, señalarnos, condenarnos unos a otros... por habernos dado siquiera la idea, el concepto de que ello podía pasar... Son sentimientos encontrados que en realidad tengo con este mundo, que parece condenarnos con una historia en ocasiones tan agria, tan difícil, que dificulta el darse cuenta que, en ese conocerla, está justamente la liberación; porque ahí aparece la oportunidad de cambiar, de volver a pensar, de decidir mejor, y de así construir una historia cada vez más alegre y más digna.

Hoy miro hacia atrás y veo que aquel día recibí una lección muy dura, pero también muy valiosa: Vi la debilidad, pero vi también la conciencia y el poder. Al sentir una experiencia de vida que era claramente errónea, pude entender con mucha mayor claridad cómo debían ser las correctas. Entendí de esas configuraciones erróneas, y de cómo somos responsables de cambiar lo que no debe ser... porque nadie debería vivir en un mundo como ese que se nos vislumbró, a lo lejos, aquella mañana.

Jamás uno podrá dejar de ver las almas de las personas que son heridas, por mucho que estructurados raciocinios apoyen de vez en cuando en ello. Jamás podremos dejar de ver la injusticia. Jamás podremos creer realmente que puede haber felicidad en un mundo que se hiere a sí mismo. Jamás podremos, tampoco, renunciar a la libertad última: nadie puede obligarlo a uno a tomar una causa, a seguir un patrón, un modo que no se quiera. En conclusión, jamás podremos perdernos de nosotros mismos, sino que, a lo más, demorarnos el triple en aceptarlo y en ponernos en camino.

Por eso más vale empezar altiro.

PD: A riesgo de romper sus corazones, adjunto una foto de un niño que murió en el tsunami de Tailandia... Se confirma ahí que el lenguaje es UNIVERSAL... es imposible darle la espalda a lo humano. Si les sale una lágrima... alégrense: es conciencia pura.

lunes, agosto 28, 2006

Filosofía cinematográfica.

1990, verano. Con sólo 8 años en el cuerpo, mi prima Isi y yo en traje de baño, pero dentro de su living y mojadas. Pan con palta en nuestras manos, leche con chocolate en vasos sobre la alfombra, y la bruja de la Bella Durmiente en la televisión, casi consumando su venganza, exclamando con fanático anhelo y ojos de loca, en la noche en que se suponía que la princesa moriría: "Hoy voy a poder dormir bien por primera vez en 20 años". Entonces la impresión profunda de mi prima, quien comenta en voz baja, como para sí misma: "Qué mala suerte la de la bruja: justo la noche en que cree que va a dormir bien, es la noche en que se va a morir", y tras su impresión, la mía ("ohh, verdad"), en infantil admirado silencio.

2006, invierno. Ya grandes, secas y vestidas, robándole unas horas a una tarde de semana laboral/académica para ver "Amadeus". Yo sentada sobre la cama, con la espalda apoyada a la pared, y ella sentada sobre el suelo, con la espalda apoyada a la cama y liquidando de a poco un helado de manjar light. Mozart haciendo fosforescente la pantalla; escribiendo, creando, amando, sufriendo, siendo derrotado, siendo ensalzado, siendo visto, siendo interpretado, y siendo llamado "Mozart", "Wolfang", "Wolfie", entre otros apelativos que mi mente ya no retiene. Al acabarse la película, otra vez mi prima: "No entiendo porqué la película se llama Amadeus si nunca lo llaman así", su idea flotando en el aire como una revelación y esta vez la risa mía.

Toda una vida de impecable lógica.

martes, agosto 22, 2006

Un poco de verano para esta incipiente primavera

Revolviendo unos mails viejos, me encontré con este que le mandé a mi amiga Maqui desde un viaje en Ecuador que hicimos en el 2002 con varias otras amigas. Me pareció tan multicolor, divertido, alegre y tropical que encontré que era casi un deber cívico ponerlo acá, para dejarlo contagiar a quien lo leyera... ¡Ojalá lo disfruten!


Lunes 18 de febrero 2002

E-mail a Maqui

Tema: Yija!

Hola linda! Te cuento que te escribe la María Paz alternativa, ya que decidí que estos días me permitiría ser y hacer cosas que normalmente no haría, para vivir así una extraña y sensual clase de vida paralela... Claro que me salió funado A LA PRIMERA OPORTUNIDAD! Y sé que querrías matarme pero más yo a mí misma, porque conocimos a unos gallos que eran bacanes, y uno me encantó!! (chileno), y durante EL DÍA en que duró nuestro romance (que no alcanzó a serlo) miradita por allí y por allá, y ante la partida tan cercana me dijo sólo te enseño a usar el fono si te quedas conmigo, y era imposible y también absurdo ser tan pasional con tal que me fui con las demás, pero podría haberle un dado un beso y me escapé!

Muy fome, aunque al menos me sirvió para entretener a los demás con mi espectacular tragedia, ya que luego de llevar mi mochilota hasta el terminal, todo galán y cinematográfico, me abrazó como si se le fuera el amor de su vida (aunque más probable es que fuera la calentura de su semana jajaja)… tanto rato que el que manejaba amenazó con irse, y tan trágico que un pasajero, conmovido, le ofreció su pasaje, cosa que al final no fue porque el amigo le dirigió una mirada asesina derretidora de glaciares enteros… jaja ¿Cómo lo hallai? Parece que la rumba ya se posesionó de mí (¿rumba es lo que tocan acá?).

Esto fue en Quito, en donde además hicimos un paseo EXHAUSTIVO por iglesias barrocas y lugares de suma belleza (¡tenía que decir eso!). Lo más divertido fue el carrete porque acá la gente se acuesta máximo a las 2 de la mañana, y unos ecuatorianos que nos querían llevar a pasear estaban horrorizados con nosotras, que fuimos sacadas casi a la fuerza del hostal tipo 12 de la noche, para luego descubrir que estaba todo cerrado!! (Claro que al final terminamos en un after hour que duró hasta las 3 guauu!! (am), tomando aguardiente con sabor a anís y otras particularidades por el estilo...).

Te cuento que ahora estamos en Atacames y tengo que irme onda AHORA porque te cobran SÓLO eeh... quina los diez minutos (¿qué tal?). Acá todo es paradisíaco, y la Maria Paz alternativa por haberla traicionado me hizo llenarla de trenzas por una inspiración, así que ahora soy tropical y combino tan bien, con esto de estar en una playa tomando caipirisima y haciendo cosas propias de películas que se ven llenas de gente linda pero que tan raro es cuando es la realidad... Está lleno de palmeras gigantes, y helechos sobrenaturales que parecen como imitaciones a tamaño gigante de lo que hay por allá... Ha sido todo choro y caluroso con tal que he gastado la plata sólo en agua y nunca en bebida... gozando la naturaleza avasalladora… como la otra noche en que, mientras llovía TROPICALMENTE, vi a un gatito PRECIOSO persiguiendo a un cangrejo que era casi de su porte!!! Lleno de pintas de colores… oohohohohhh… luego se quedaron mirando y jugando a chocar sus patas/tenazas, el típico juego de los gatos y al parecer también de los cangrejos. Creo que hasta lloré un poco, lo que pasó piola con la lluvia jaja, es que lo hubierai visto, te habríai caído derretida, fue casi como una aparición o tal vez simplemente una.

Como ves, lo hemos pasado FUERA DE SERIE, realmente espectacular, no ha habido momentos ni siquiera para sentarse a pensar en las mariposas, es como estar en una montaña rusa, y hemos conocido a TANTA GENTE, además de que casi no ha habido roces entre nosotras; nos queremos y hacemos escalopas en la playa, bailamos en los buses, capeamos olas, tocamos flauta en la calle, conversamos de la vida como si se nos olvidara que esta vez estamos aquí para vivir apuradas casi sin mirarnos las caras (se supone, pero obvio que no, jaja), y caminamos HEROICAMENTE (sin excepción), conviviendo con una humedad tan grande que no sé cómo no se nos han mojado los cerebros (¿o sí? :p). Aparte, nos pasan cosas insólitas, como que saben nuestros nombres sin haberlos dicho, o que gritan Chile cada vez que pasamos, y nos la pasamos halagadas y rientes. Qué puedo decirte, ¡la vida no nos ha tratado mal aquí!

Ojalá las cosas te vayan bien por allá po, saludos, a ver si logras ganarle la batalla al internet y mandarte un mail pa la comunidad viajera jaja, contándonos de ti y cómo te fue en tus cosas... Aunque igual a la vuelta, nos contaremos o recontaremos mejor todo... Más saludos y nos vemos, chaito!

Tu(s) amiga(s) que te quiere(n),

MP normal y MP paralela-tropical.

viernes, agosto 18, 2006

Los pajaritos

Siempre he sido buena para pasar de largo. Las noches se extienden como manteles medievales para mí, como un gran panel en donde poder pintar. Algunas veces ni sé qué anduve haciendo en ellas, pero siempre estoy consciente de que fui muy feliz, dibujando sueños o proyectos de esos sueños, tanto si salí como si no salí, conectada, sonriendo, palpitando muy mía y muy libre... Simplemente se me pasa el tiempo, en esas veces, son horas enteras para mí, en las que puedo ver y entender mi mundo con tanto amor y claridad... Soy tan vasta y tan ilimitada y tan poderosa y tan profunda entonces. No hay sueño que no pueda alcanzar, sobre el cual no pueda planificar un encuentro. No hay empresa que desde esa tranquilidad no sienta que pueda acometer. No hay barreras para mí. Siento con tanta fuerza que me olvido de quién soy, olvidando incluso mi voz y mis facciones.

Hasta la hora de los pájaros. Vienen para salvarme de mi propia intensidad y de aquel chupador estado absoluto, siendo por piedad mi llamado a dormir. Aparecen chillando casi histéricos, poco antes de verse azulino tras las ventanas, advirtiéndome sobre la moderación y sobre un probable poco eficiente día siguiente... Sus silbidos me despiertan, me reconectan con la realidad, me impiden pasarme demasiado, y siempre de la misma forma. Primero, el sobresalto, y luego el recordarme de que yo soy yo, y de que hay un mundo real y contante, tan real que si me miro a un espejo podré ver mi reflejo dotado de ojos, y de pelo, y de colores, y formas propias. La naturaleza ha seguido existiendo todo el tiempo, y yo en ella, como sólo una rama de las tantas, aunque una rama conectada, un fragmento de conciencia, una chispa tan llena de impresiones propias y de pasión personal que a veces quisiera morirse. Todo ha continuado respirando. Todo, a la vez, espera.

Los pajaritos así no sólo cierran, sino que también coronan, con sus alegres y exaltados cantos matutinos, el trabajo o el carrete de mis noches, siendo mi banda sonora a la vez que mis cómplices... Un ejército de ellos apañando mi vida, aunque por ahora incitándome a las indicaciones opuestas de las que deberían, indicaciones que probablemente seguiré de aquella forma adecuada en el ya no tan lejano futuro laboral, cuando los escuche para despertarme antes que para dormirme.

Aún así, siempre una maravilla.

sábado, agosto 12, 2006

WE´RE NOT AFRAID!!!!

(re-publicado por razones subidoras de la moral a raíz del casi último incidente).

Cuando pasó el atentado a Londres, algunos decidieron no dejarse descorazonar. Decidieron erradicar el miedo y creer que podían (y pueden) decir que no. Decidieron que eran más fuertes que esa tragedia y que nada les haría creer otra cosa.

Así nació la página http://www.werenotafraid.com/. Ella promueve la idea de que el mundo es un mejor lugar sin miedo y pretende demostrar, a través de expresivas fotos, que no se dejarán vencer por él. Todas esas fotos son una manifestación viva de la esperanza y la vida. De la fe en la verdadera naturaleza del ser humano y en su porvenir.

Cualquier persona puede mandar su foto, incluso TÚ, a pics@werenotafraid.com. Yo ya estoy pensando en cuál podría mandar yo... Hay provenientes de todas las partes del mundo y con todas sus caras, incluida una familia chilena posando con el slogan traducido a "no estamos asustados".

Hoy le estuve echando una mirada, aprovechando mis vacaciones, y al verlas decidí que tenía el deber de exportar algunas. SE VAN A EMOCIONAR TANTO: son realmente.. ufff... correctas. Un mensaje de amor pintados en tantos colores y formas como vasto es el mundo. Original, además... Indescriptible hasta que vemos las fotos y ellas hablan por sí mismas.

Las puse chiquititas para que no les colapse el pc pero creo que si las eligen con el mouse, pueden verlas completas.

Hay MUCHAS más en la página.




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