Años vs. Edad
Era una preciosa mañana de primavera, 2003. Inocentemente le contesté el teléfono a una desconsolada amiga que procedió a contarme de las asquerosidades de la vejez. Porque resulta que ella, A LOS 22 AÑOS, ya era una vieja, y una de las indiscutibles. Generosamente me describió las mínimas posibilidades de ese mundo, en donde ni los carretes, ni el modo de vida, ni la actitud, ni el propio cuerpo podían ya ser lo mismo. En donde NADA podía serlo, porque todo el universo disponible de aventuras, libre de cambiar, y precioso de ser estaba destinado para los jóvenes, y nosotros, A LOS 22 AÑOS, según ella, ya no lo éramos... Nosotras, según su adorable visión, estábamos ya condenadas a comernos nuestros sueños y pasiones, para entrar en una estructura rígida, en un mundo prehecho, "adulto", en donde no había locura ni libertad, sino sólo obediencia y deber, pero al que igual "había que entrar". Desde allá nos esperaban para que nos casáramos y lo antes posible tuviéramos hijos, para así alcanzar a darles esa última gota de juventud, antes de sentarnos a esperar la muerte. La cual, según sus pintorescos cálculos, bien podía ser en unos 4 o 5 años más. Al menos la espiritual, la social, la divertida.
Fue así como mi amiga nos mató a las dos, porque claramente yo era tan espantosamente vieja como ella.
Yo al principio no había creído mucho su discurso, porque siempre he visto que la gente que vive con pasión y hace lo que le gusta, crea, vibra, siente, conoce y VIVE hasta el último día de su vida, sea a los 22 (jaja) o a los 110, que esa gente siempre es joven... Pero a medida que escuchaba su idea, expresa con indiscutible seguridad, empecé a marearme, cayendo en ella con fuerza centrífuga.
¿Será posible? me pregunté, ¿que realmente esté vieja?... Ya no estoy en el colegio. Ya no puedo estudiar muchas carreras más. Ya he vivido algunas cosas. Ya he formado algo... Quizás ya esté condicionada por todo eso, quizás ya tenga la vida decidida por lo que he sido, quizás ya he sido marcada y tatuada definitivamente... quizás nunca pueda cambiar, o elegir algo realmente nuevo, o jugar, y nunca sea más que esto, nunca más algo sorprendente o perturbador: UPS, QUIZÁS REALMENTE ESTOY VIEJA... Sentí cierta frialdad en mi espalda, pero no dije nada... si era cierto, era demasiado horrible; tener las alas cortadas a los 22 años y estar condenada a vivir unos 50, 60 o hasta 70 más petrificada y silente como tras un escaparate. Me quedé callada, si era así, era mejor pasar desaparecibida a ver si el horroroso destino se olvidaba de mirarme y me absolvía. Era mejor que no se supiera que ya habían tomado mi vida de mi propia mano.
Luego salí a la calle, enfundada en un sentimiento de tedio. Me había dado hasta sueño la conversación por ser una tan mortífera. Entonces pasó en su auto mi vecina que también estaba saliendo. Una mujer joven, aunque de hijos grandes, de pelo rubio y crespo pero al modo hippie, no al modo de las clientes frecuentes de la peluquería decolorante. Risueña. Me preguntó si me llevaba. Le dije que sí. "¿Adónde vas?" me preguntó. "Al paradero, ¿y tú?". "Yo tengo un almuerzo con mis amigas, y estuve a punto de no ir, porque aunque las quiero y todo, se pasan el tiempo hablando de los vieeeejas que somos, tan pero tan cagaaadas y vieeeejas. Yo no estoy de acuerdo, pero al final igual salgo deprimimida", me contó. Me volví a mirarla, secretamente para comprobar si sus amigas tenían razón (y para sentirme mejor yo), y entonces la encontré jovencísima. Luego me miré a mí misma, y me encontré aún más joven. Me sonreí. Así que no estábamos condenadas... Ya relajada, y dichosa le dije, "no te preocupes, a mi me pasa lo mismo!!", todo para luego pasar riéndonos el resto del camino de las barbaridades que a veces dice la gente y cómo pueden afectar tanto. Pelamos maravillosamente bien.
Así vi que es tan fácil descubrir esa juventud , y en especial, esa VIDA en uno, pero es casi como si la sociedad no lo quisiera. Muchos nos enseñan a vivir como si alguna vez pudiera ser realmente tarde para empezar algo, para entrar a alguna parte, para contar y mover. Como si tuviéramos fecha de vencimiento. Y no nos ayudamos mucho a nosotros mismos. En todos los comerciales salen personas jóvenes y en los programas también. No se habla de viejos exitosos, sino que de jóvenes, y mientras más precoces sean, mejor considerado es su éxito. La juventud es un regalo y la vejez una condena, por lo cual se evita, se tapa y se esconde: no se aprovecha. Picasso pintó hasta los 91 años, Anthony Quinn actuó hasta sus últimos días, e incluso tuvo sus últimos hijos a los 80, pero nadie se acuerda de ellos, ni de otras personas maduras que se cambian a sí mismos o que cambian al mundo. Pocos saben y pocos nombran. Y a veces ni nos damos cuenta de que nos estamos perdiendo de algo, por aceptar una forma de ser preestablecida que nos hiere a todos, y esa es la verdadera locura, no el andar corriendo por las praderas a los 22, 57, o 97 años, lo que es pura gozosa libertad. Y si aparecen personas como Fito Páez o la Björk, que ya no son tan jóvenes, haciendo de las suyas, se les excusa con que son artistas, cuando la verdad es que todos somos artistas, y que nadie debería nunca renunciar a su felicidad, por nada en el mundo, y menos porque otra gente lo diga, gente que, por lo demás, en general, lo que tiene es un temor gigantesco de vivir, y lo que hacen es disfrazar ese miedo tras una supuesta realidad que excusa su parálisis.
Esa idea de que podemos establecernos y paralizarnos de una forma para nunca cambiar es mentira, esa idea de que podemos escudarnos del mundo también es mentira, porque él, aunque a veces sea desnudo y peligroso, siempre se está moviendo y siempre está total, absoluta, maravillosamente VIVO. No se puede negar esa vida, no se puede limitar, no se puede esconder realmente... Hay quienes lo saben y lo aprovechan, personas de todas las edades que no se resignan, salen a recorrerlo por dentro y por fuera, viajan, conocen, preguntan, abren su corazón, su mente, y su cuerpo. Se entregan a esa vida y ENTRAN. Creo que ellos son los más felices, y que todos lo sabemos, porque LA VERDADERA FELICIDAD SIEMPRE ES INCONFUNDIBLE, y se nota aún cuando uno no está adentro. Y es cierto que el cuerpo envejece, pero creo que la verdadera edad se lleva por dentro. O al menos así lo parece y a mi parecer vale la pena comprobarlo, mucho más que el entregar la maravillosa pasión para entrar a vivir como un robot programado. O peor, un ser humano vencido. Asustado. Escondido. Infeliz. Huérfano de sus propios milagros. Desconectado de las maravillas del universo. Desconectado de sí mismo.
... Por lo demás hoy cumplo 24 años y me siento perfectamente bien. Amante de casi todo lo pasado e intrigada de todo lo que vendrá... pero, lo más importante: presente. Todas las gotitas de mi vida pasarán por mí antes de entregarlas.
Etiquetas: artistas, björk, condena, felicidad, fito páez, juventud, sistema, vejez prematura
















0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home